•21 junio 2009 • Dejar un comentario

Quiero el cuerpo ajeno que nace cuando unimos las aguas entre las cañas.
El olor de las sales amanecidas sobre el collar de tu vientre.
Las belugas que abren el campo a tus manglares,
la arcilla de la cama,
el mar.

•15 junio 2009 • Dejar un comentario

Qué pecado cometo al ser inmisericorde
al ser claustro de lenguas
y beber litros de savia vieja
destilada del ojal de la tierra ebria
Qué pecado cometo
al surcar con lóbrego resuello
las voces mínimas de otra voces
de lamer la sal palpitante de las
arenas Horales
Qué pecado cargo si surcada
está mi espalda de azotes
si llamea uñas si es huerto
y cementerio de patrias desterradas
Qué pecado cometo al ser pastor
de carnes
al maullar con celo la sangre
el basamento que suelta cada noche
Díganme ustedes clérigos enjutos
qué pecado cometo al no creer
al no rezar sobre el pasto donde
extintas están las huellas si el castigo
es morir la vida

•15 junio 2009 • Dejar un comentario

A, M. Por el descanso de sus sueños sobre
los telúricos ríos de la casa.

 

Desciendes astral hasta la casa mecida
por el lunar colmillo de la cama
Te ciernes entre las sábanas
y la pulpa del sueño encoge
tus párpados sagrados
Alguien sueña porque duermes
como si las aguas se cristalizaran
y nada sino tu movimiento de vientre
reflejara que estás viva
Meces la casa al respirar
hablas silencios que sólo la casa escucha
atengo el oído y  tus pezones
hablan Creces te arrullas
a saber de qué noche llenísima
de luz dentro de tus ojos
El discurso cósmico se gesta
El vertebrado de paralelas vidas
los escombros del día se gestan
¿Al abrazar el maullido de la carne
escuchas lo que digo?
¿Al trazar con la lengua
el alfanje en tus labios tumbas la rabia
de la tierra?
¿Oyes los sonidos del mar nocturno?
Cuando duermes tus cabellos sujetan
la sangre que recorre el brazo que
ancló en la almohada
y todo respirar es un largo
un telúrico despertar abriendo
las persianas de la casa y del alma

•13 junio 2009 • Dejar un comentario

Dentro la casa toma rienda y se va
desbocando las paredes
Enjuicia el encanto de la lluvia
y la tardelluvia hierve al caer sobre
el techo  perdiendo el sentido
irremediablemente El fuego vuelve  
agrupando en trozos
las manos los pies el ombligo y la cabeza
como si fueran madera pirómana que duerme
Insular casa donde el cuerpo
humea su impaciencia
su declinada gesta de recostada ansia
La casa relincha hiere la cerca
de los Santos vivos las  acometidas
por el jadeante montar
los días utilizando el aspa de las calles
como asiento
¿Será que ha enfermado de penitencia
y su castigo es igual al del jinete
que en las huellas perdió la dirección
y está desmoronándose como las
conchas que caen de las nubes en agua viva?
Será que la apoplejía de los museos le enceró
las ganas y se deconstruye
Ya volverá al establo a dejarse ensillar
de esperanza

•13 junio 2009 • Dejar un comentario

El abuelo recogió el agua del río
beberé del charco de mis manos habló
No entendíamos qué era agua manos
y charco Sólo sombras pisaban
las palabras aparentemente
nombrando el río
Los nietos que dirigían la vista
al cristal moviéndose Inútiles
igual que las hojas heridas de los maizales
desgranados Y ya habíamos sentido
qué era secarse ante la brasa de la duda
El agua forma el hogar del pez
de la piedra del polvo
nosotros somos hijos del agua
del pez y del polvo
pero existe la carne aun cuando el agua
tenga la piel más suave nuestra carne
se mueve bajo el fuego y he aquí
que pertenecemos
habló el abuelo
Tampoco sabíamos que era el fuego
mas sentimos el peso de la piedra
al crujir en nosotros como licor la vida
Abuelo no entiendo qué es la vida
¿acaso mucho beber licor
secarse las manos qué?
No entiendo Ahora voy al río a recoger
el agua y bebo pero no siento el rostro
de ti y el cristal se congela
sólo siento brisa en la lengua y hasta
de tu nombre me olvido a veces
¿Será que el incendio amamantó
mi carne y me conformó con un hijo
una mujer y el rescoldo que todas las noches
rema en rojo hasta mis huesos?
Si llevo el cántaro y cuelgo el barro
al hombro no es agua lo que moja
la espalda sino polvo que
como pez se mueve entre las arterias
del soplo y hace que la casa que soy
se muera de incendio como si el tigre
estuviera bebiendo sus rayas al no
tener otra pinta que de tejado
solitario con cicatrices de riachuelo

•12 junio 2009 • Dejar un comentario

En una de las esquinas de la habitación
duermo
El cuerpo se contrae y se corrige
vuelve a su estado primigenio
al sueño de amniótico suicidio
La piel abre sus poros y los vellos
como antenas palpitan luz
localizando el seno
La pared es el seno y el piso el abrazo
materno
¿Será por eso que los muertos abrazan
con tanta furia el cemento
será que la caja es un ardid para
brincar la cerca de la madre?
He dicho duermo
Sentir frío o calor sería merito de sentir algo
aquí no se debe
es como mi patria
y mi patria no siente nada
mi pueblo de tanto ardor dejó de vivir el mundo
por eso todos nadaron hacia la hoguera
se les consumió el rito
y me dejaron danzando entre brasas
con los pezones rojos
me dejaron abrazando paredes con los brazos
rotos Con el techo dándome la espalda
¿Qué debo contar ahora el sepulcro
el brazalete de los que marcaron en mi puño
la sombra y el destino?
Esta patria es una madre pariendo calles
avenidas iglesias bares pero no expulsa
de su vientre recóndito lugar
donde guarecerse de no sentir nada
Mi patria es incurable
siempre ha estado enferma y nos ha contagiado
los muertos viven como topos construyendo
grutas donde habitaran sus hijos gusanos
Los otros como yo los vivos
estamos desterrados y no habrá casa
hasta el día en que nos caiga encima el mal sueño
y la pesadilla conduzca nuestros huesos
a lado de alguna bella esquelética dama

•12 junio 2009 • Dejar un comentario

Sea ha vuelto la casa contra nosotros
como saeta atravesando el cuero
Se puede ver en ella el tablero de ajedrez
y los peones tumbados sin cabeza
hombres llorones
mujeres lloronas
barro que llora y sube como humo
al vacío donde se coloca el cuello
y aquí le llamaré boca
El polvo nos consume  nos ladra
las paredes se caen sobre los huesos
sólo así gritamos  cuando nos aplastan
el tuétano Cuando la horca ciñe el pulso
y la ciudad lamenta habernos parido
Somos  la saeta  o el colmillo de una sierpe
Somos la sierpe de arena
y la tierra nos va labrando
como madera Las hojas son el pecho y
hojas blancas el calor del sol
Una lágrima una hoja
La casa es la tumba y la tumba
la lengua con que nos lame el fuego
y en el fuego inscritos están nuestros nombres
Hijos nos llamamos
Hijos que salen de la casa como
chisguete de sangre
al caer una gota de sal al blanco insomnio
de una hoja donde sólo sabemos hacer sonar  
el cascabel porque la tinta
nos ha envenenado el alma

•11 junio 2009 • 1 comentario

De otra urbe de otra sangre llegué y
construyo aquí mi casa
El tejado es viejo el maíz del patio joven
Las calles que me trajeron las recorrí
cuando niño Eran amplias y llenas de sombras
grandes jacarandas que rozaban
con su oscura forma de luz
el cuerpo restregado del hombre sobre el suelo
Tenían las calles en aquellos años el
espectro de otros que ahora como yo
reunieron las imágenes y huellas
Estaba escrito que vendría a tejer
de vino el campo donde nací
pero convalezco de premura y deseo
que mi casa flote o se incinere
Pero la casa será a la vez agua
y candelilla todos los días
El dormitorio donde no se debe dormir
la cocina donde no se debe cocinar
la casa donde no se debe vivir
Esta es una sala barroca diré
cuando las visitas huelan lo que
se está cocinando
allá ve usted está el dormitorio
y he de recordarle que no duerma
porque la casa es un sueño que
se duerme solo
Entonces vendrán más visitas y
colegas y patrias destruidas y gente
pudriéndose porque también son
paredes quirúrgicas
donde probablemente se cure nadie
Mi casa será ha sido ya el resuello
del viento sobre los árboles
los nombres de las cosas
¿Cómo sabía que se llamaría casa?
¿Cómo sabía -la casa- qué vendría?
No debe importar
porque aquí la hora decima del día
declinará su enorme concha de mar
sobre mis oídos para que duerma
y dormiré afuera entre el maíz joven
a lado del perro que guarda la casa
con su ladrido o junto al pozo
en la claridad del agua que ve desde
arriba Allí dormiré viendo cómo la
casa se yergue siendo fuego para
habitarla cuando el mal sueño me despierte
y la casa del tigre sea un manso riel que dirija
todos los caminos al lago de los vivos

•8 junio 2009 • Dejar un comentario

Nueve cero siete es la hora en que
suena dentro del cuerpo

el tambor el hilo y el arco
la palabra esdrújula
que como chaman catártico
deshiela
el dédalo de los ojos

•3 junio 2009 • Dejar un comentario
Vine a recoger del agua tu piel. Te llevo envuelta con el barro del cántaro, sobre mis hombros. Te abres al viento y caes, goteas e hincas tu gota en mi carne, dentro de mi clavícula: en el tuétano. Me cansa llevarte así, suspendida de no sé qué aguas. El cántaro te amolda. Figura a veces de paja, a veces de cadera amplia, a veces cuello delgado, pezones tibios. Vine del agua. También fui cántaro y alguien me llevó en hombros hasta el fuego: me hizo carne. Luego depositó en mí las ansias de volver al río. Probablemente era pez, o piedra o musgo de la piedra. Debió ser que allí estabas, dormida. Mas ahora que no soy agua o fuego y tú no eres carne, en qué lugar puede entre nosotros posar la flama. En qué mar debe brotar nuestras sales, la miga de arena, el tiempo: la palabra. Me he quedado sin voz y de palabra sólo sé tu nombre: hogar; campo; humedad. Me he quedado sin palabra. Alguien me nombra y dice río; alguien te nombra y dice cause: todo tu efluvio fue encausar mi sangre al fuego. Pero vine a recoger tu piel del agua, llevarte sobre hombros, en los huesos con todo el peso que cae al suspender la muerte cuando uno va arando la tierra a gota de espanto y acera.
 
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